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La noción de que nuestro destino está fijado y nos conduce a la infelicidad


Shakyamuni rechaza la idea del determinismo, lo que nos hace débiles y apáticos.


Es nuestro destino determinado y controlado por algún ser superior? ¿O es algo fijo desde el nacimiento y que no se puede cambiar?

Estos son temas sobre los que generalmente no pensamos demasiado. Sin embargo, si nada nos va bien, no importa cuán duro lo intentemos, seremos capaces de pensar, masoquistamente hablando, que no hemos "nacido bajo una estrella de la fortuna", resignarnos a "nuestro destino, sobre el cual nada se puede hacer", "o desear aferrarse a algún ser superior” como lo sugieren las palabras "dependiendo de los dioses en tiempos de tribulaciones". ¿Pero es un hecho que nuestro destino está determinado y controlado por algo externo a nosotros? ¿Está con nosotros desde el nacimiento y no se puede cambiar? Desde la antigüedad, hubieron quienes se sujetaron al fatalismo o al determinismo, creyendo que el destino es algo que se establece desde el nacimiento. A qué hora lloverá mañana ya está determinado. Si puedes ingresar a la universidad de tu elección ya está determinado, independientemente de cuánto estudies. Si puedes o no casarte se determina desde la hora en que naciste. Y si te casas, ya está elegida tu pareja. Estas son ideas fatalistas o deterministas. Hace unos 2,600 años el Buda Shakyamuni rechazó completamente tales ideas así también como la falsa enseñanza del fatalismo. En términos budistas, se les llama gedo, que significa fuera del Camino de la Verdad. Dado que tales enseñanzas van en contra de la ley de causa y efecto, llevan a los seres humanos a la infelicidad. La razón es que, si nuestro destino ya está establecido, entonces todos nuestros esfuerzos y arduo trabajo carecen de sentido y el deseo por hacer un esfuerzo desaparece. Algunos pueden decir que la decisión de hacer un esfuerzo o no es en sí misma predeterminada, pero ese razonamiento hace que sea menos probable que tratemos de esforzarnos por nosotros mismos. Es por eso que Shakyamuni rechaza la idea del determinismo, lo que nos hace débiles y apáticos. Él declara en cambio que nuestro destino puede ser cambiado radicalmente a través de nuestras propias acciones. De hecho, incluso aquellos que dicen que todo está predeterminado estudian la noche anterior a un exámen porque creen que el hecho de estudiar, tal vez cambie el resultado del mismo al día siguiente. Si se enferman, van al hospital porque creen que el hecho de recibir tratamiento allí ayudará en su recuperación. Van a su lugar de trabajo, por desagradable que sea, porque no quieren ser despedidos. Creen que ir y hacer bien su trabajo garantizará la seguridad de sus medios de vida. Si nuestro destino ya estuviera fijado, los resultados serían los mismos, ya sea que hayamos estudiado o no, hayamos ido al hospital o no y se haya hecho bien nuestro trabajo o no. Todo lo que hiciéramos no tendría sentido. Pero nadie vive su vida de esa manera. Todos mundo cree que sus acciones de ahora afectarán el mañana. Y eso es absolutamente cierto.

Entonces, ¿cómo nuestras acciones dan lugar a felicidad o infelicidad en nuestras vidas? En el próximo capítulo, hablaremos sobre la ley de causa y efecto en relación con nuestras vidas, como lo predica el Buda Shakyamuni.